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Roberto Saenz

Roberto Saenz

 

"En apariencia es un ciclo mecánico que no tendría porque ser “intervenido”, pero tomar conciencia del ciclo respiratorio es básico para transformar la calidad de vida. Es una puerta de entrada al ancho y poderoso mundo del buen vivir."

 


 

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En cuanto pueda (y si la contaminación atmosférica no se lo impide) respire profundamente. Sentirá como una suave ola de calor y distensión llega hasta la punta de los dedos de manos y pies. El cerebro se despeja y la sensación de tranquilidad le impulsará a repetir el ejercicio. Nada secreto ni misterioso en ello. Es sólo ayudarle al cuerpo a recuperar la energía perdida por largos periodos (días, años) de abandono de esta función natural y vegetativa de alimentación.

 Una persona promedio realiza, cada cinco segundos (a veces mas, a veces menos) este proceso vital que permite la revitalización celular en el que se basa el funcionamiento y desarrollo del organismo.

 Una breve descripción del camino que toma una bocanada de aire hasta llegar a sus destinarias, las células, nos permite establecer que ese proceso resulta beneficiado cuando lo acompaña la conciencia de lo que sucede en el camino.

 Al inhalar, el aire entra por la nariz, donde se calienta, humedece y limpia. Luego pasa por la faringe y, a continuación, llega a las amígdalas, que son una especie de filtro que extingue los organismos nocivos. El aire continúa por la laringe y después por la tráquea, desde allí se distribuye en los dos bronquios, que se conectan a los pulmones.

 Cuando el oxígeno es inhalado y llega a los pulmones, se produce el intercambio energético con la sangre. En los alvéolos, que son pequeños sacos de aire que están en contacto con los capilares, se produce el paso de oxígeno a la sangre.

 La respiración normal surte un proceso divido en cuatro fases: inhalación, retención con aire, exhalación y retención sin aire. En la primera fase de la respiración, inhalación, la nariz capta una cantidad de aire, que es llevada a los pulmones. Para dar espacio, aumentamos el volumen torácico, manteniéndolo así por unos segundos. Allí se produce un lapso breve de retención del aire que inicia su distribución hacia todas las células.

 La siguiente fase es la espiración, que se caracteriza porque la caja torácica se contrae y su capacidad disminuye dejando que los pulmones exhalen el aire hacia el exterior. Luego viene una fase de contracción sin aire que permite un breve descanso al conjunto de aparato respiratorio para luego retomar este vital proceso cíclico.

 La respiración tiene como función oxigenar los tejidos y conservar la vida del organismo. Para que esto ocurra, es necesario el intercambio de energías, que se realiza a través de la sangre y la circulación.

Como se puede apreciar, siendo una función básica del organismo, la respiración se realiza de manera involuntaria y por ello la mayoría de las personas desconoce que al tornarla consciente, y empezar a utilizar la plena capacidad pulmonar, haciendo cuidadosamente su ritmo y profundidad, es posible producir grandes cambios en los planos físico, emocional y mental. Se requiere entonces todo un cambio, una reeducación, en nuestra forma de respirar.

 Desde hace más de 5.000 años culturas ancestrales conocieron los secretos de la respiración y sus técnicas. Las utilizaron como medio para aumentar el torrente de bioenergía en el organismo y desencadenar diversos estados de conciencia. 

Lograron establecer con mucha precisión su impacto en el cuerpo humano logrando que el proceso deje de ser mecánico y se convierta en un fenómeno más profundo y transformador. 
La reeducación respiratoria es entonces un concepto esencial a la hora de establecer metas que nos acerquen de forma práctica y cotidiana a un mejor vivir. En apariencia es un ciclo mecánico que no tendría porque ser “intervenido”, pero tomar conciencia del ciclo respiratorio es básico para transformar la calidad de vida. Es una puerta de entrada al ancho y poderoso mundo del buen vivir. Y, lo mas importante, está al alcance de todas las personas que decidan realizar cambios profundos en su vida, para desde allí emprender la transformación de su entorno y de la sociedad.

 

 

  

"Nuestras sociedades, sumergidas en el consumismo y la inmediatez, remiten a la compraventa de pedazos de felicidad y trozos de soluciones a quienes intentan encontrar la salida del laberinto que resumela vida al ciclo comprar-usar-botar." 

  


 

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Hace unos días se conoció una muy buena noticia: la Gobernación de Cundinamarca (Colombia) prepara un grupo de mas de 400 profesores y 50 funcionarios para que impulsen en escuelas y colegios del Departamento una masiva incorporación de niñas, niños y jóvenes de ambos sexos a un programa denominado La felicidad en Cundinamarca un asunto de formación.

Meses antes 1200 estudiantes de la universidad de Yale se inscribieron en el curso “para ser feliz”. La apertura de esta cátedra se convirtió en la formación con más inscritos en toda la historia de ese Alma Mater. De inmediato se decidió compartirla en una plataforma de Internet, bajo el nombre Psicología y Buena Vida, logrando rápidamente miles de inscritos en diferentes países.

Este interés demuestra que la urgencia de buscar respuesta al complejo tema de “ser feliz” tiene plena vigencia. Incluso en sectores socio económicos con niveles de vida en los que parecería estar suplida esa meta, que son los que frecuentan la universidad de marras y muchos de los que suelen buscar en las redes sociales los caminos para superar sus depresiones crónicas o pasajeras.

La verdad es que lo que hoy se conoce como “la búsqueda de la felicidad” ha sido la lucha persistente por optimizar la energía física, emocional y mental para acometer las labores cotidianas y mantener ese “estado de ánimo de quien recibe de la vida lo que espera o desea” lo más prolongadamente posible.

Sin embargo muchos expresan dudas acerca de qué tan transformador puede ser un curso de pocas horas semanales de algo que requiere tanto de la comprensión integral y compleja sobre del abc de la existencia, como del acompañamiento social en todos sus niveles.

No les falta razón a quienes así piensan. Nuestras sociedades, sumergidas en el consumismo y la inmediatez, remiten a la compraventa de pedazos de felicidad y trozos de soluciones a quienes intentan encontrar la salida del laberinto que resume  la vida al ciclo comprar-usar-botar.

Pero muchos de los esfuerzos de instituciones publicas y privadas por dotar a sus alumnos de herramientas que permitan superar los actuales niveles de desconcierto, incluso de franco desprecio e interés por la vida, chocan contra la muralla de los interesados en mantener las cosas como están.

Caso demostrativo el que salió a flote esta semana cuando Redpapaz  puso sobre el tapete lo nocivo que resulta para miles y miles de jóvenes que en las instituciones educativas no ofrezcan en restaurantes y tiendas escolares, alimentos saludables, libres de componentes ultraprocesados y/o altamente azucarados. Las poderosas empresas del ramo desplegaron intenso lobby para evitar o desviar el debate sobre el tema en los medios y en el propio Congreso de la República, quitándole al proyecto de Ley sobre comida chatarra  “el alma” según denuncia la ONG Dejusticia.

Ningún ser humano será feliz si, por ejemplo, alimentarse sanamente se ve impedido por quienes ocultan deliberadamente cuales son los componentes que les venden para “nutrirse”.

Por ello hacer de la brega por mejor calidad de vida (indicador básico de la felicidad) se convirtió en tarea de primer orden para prácticamente todos los seres humanos. La conjugación de las metas personales por lograr un buen estado físico y mental con los objetivos de una sociedad que confronte el deterioro acelerado de las condiciones de vida de sus asociados es la mezcla óptima para alcanzar la elusiva felicidad.

Estas formaciones en los claustros académicos serán positivas como una introducción, como un aprestamiento, a la felicidad. Pero solo alcanzará sus objetivos si deja en el estudiante la clara convicción de que la meta es transformarse así mismo para cambiar el mundo. Es en la acción, es en la práctica, como se aprende a ser feliz.

 

"Las culturas ancestrales de todos los continentes, que condensaron su pensamiento en diversos textos y tradiciones, orientan a sus asociados a mantener una relación armoniosa con el entorno natural y una vida saludable en el plano físico y mental."

  


 

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Produce mucha inquietud leer o escuchar de personas formadas, ó medianamente Informadas, aquella monserga según la cual las propuestas culturales o filosóficas que promueven un modelo de vida sana, tanto individual como colectivo, son una afición más. Algo así como otro producto desechable que “pasará de moda” en poco tiempo.

Nada mas alejado de la realidad. Las culturas ancestrales de todos los continentes, que condensaron su pensamiento en diversos textos y tradiciones, orientan a sus asociados a mantener una relación armoniosa con el entorno natural y una vida saludable en el plano físico y mental. Esos modelos son, en la gran mayoría de los casos, sistemas conceptuales milenarios, resultado de experiencias y reflexiones decantadas por generaciones que subsistieron a las pruebas que la historia les deparó. 

Otra cosa es que algunos de quienes en la actualidad intentan asumir un estilo de vida acorde con esos conceptos milenarios, lo hacen apoyándose en versiones fragmentadas o tergiversadas de esas tradiciones.
Las consecuencias no siempre son las mejores: adaptaciones edulcoradas, incluso nocivas, de proyectos integrales que, cercenados, se convierten en caricaturas. A partir de allí construyen toda clase de opiniones. Las que, para poder mercadear facilmente cada enseñanza, simplifican tanto los conceptos que dejan irreconocible la propuesta original. También se presentan casos en los que enemigos, reales o ficticios, deforman la idea original para destruirla ó, por lo menos, desacreditarla con el objeto de impedir que pueda ser conocida por las comunidades.
Se podrían citar muchos episodios como esos en la historia de la humanidad. Pero uno de los más aberrantes y demostrativos fue el que ocurrió alrededor de las ideas y la enseñanzas prácticas de Epicuro (341-270 a.C.) quién en medio de la crisis del idealismo Platónico, propone, con los conocimientos que tiene a su alcance en aquella época, una escuela filosófica de talante naturalista, que proyecte luces en la oscuridad de la cueva idealista.
Su actuación pedagógica y filosófica se convirtió en todo un reto que fue ridiculizado, vilipendiado, por sus contradictores directos y luego reforzados por aquellos que solo ven hedonismo vulgar en el gran pensador de Samos.
En los últimos años del siglo pasado y en todo lo que va del siglo XXI la recuperación del pensamiento y la práctica de Epicuro se ha convertido en punto de apoyo en la construcción del Buen Vivir. En laculturadelbuenvivir.com revisaremos permanentemente la obra de Epicureo como homenaje a su legado, pero tambien como parte de la necesaria reflexión sobre su vigencia.
Adjuntamos uno de los pocos textos que se conservan de Epicuro: la Carta a Meneceo. Es un documento clave en la compresión de la filosofía naturalista y del ejercicio cotidiano de un estilo de vida coherente con ella.

  


 

 CARTA A MENECEO (Epicuro)

 

Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, rejuvenezca en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél, para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.

Practica y ejercita todos los principios que continuamente te he recomendado, teniendo en cuenta que son los elementos de la vida feliz. Antes de nada, considera a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso --tal como lo suscribe la noción común de la divinidad-- y no le atribuyas nada ajeno a la incorruptibilidad ni impropio de la dicha. Piensa de ella aquello que pueda mantener la dicha con la incorruptibilidad.

Porque los dioses, desde luego, existen: el conocimiento que tenemos de ellos es, en efecto, evidente. Pero no son como los considera la gente, pues ésta no los mantiene conforme a la noción que tienen de ellos. No es impío el que desecha los dioses de la gente, sino quien atribuye a los dioses las opiniones de la gente.

Pues no son prenociones, sino vanas presunciones los juicios de la gente sobre los dioses, de donde hacen derivar de los dioses los mayores daños y beneficios. En efecto, familiarizados continuamente con sus propias virtudes, acogen a sus iguales, considerando extraño todo aquello que no les sea semejante.

Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada para nosotros, puesto que todo bien y todo mal están en la sensación, y la muerte es pérdida de sensación. Por ello, el recto conocimiento de que la muerte no es nada para nosotros hace amable la mortalidad de la vida, no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque suprime el anhelo de inmortalidad

Nada hay terrible en la vida para quien está realmente persuadido de que tampoco se encuentra nada terrible en el no vivir. De manera que es un necio el que dice que teme la muerte, no porque haga sufrir al presentarse, sino porque hace sufrir en su espera: en efecto, lo que no inquieta cuando se presenta es absurdo que nos haga sufrir en su espera.

Así pues, el más estremecedor de los males, la muerte, no es nada para nosotros, ya que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, entonces nosotros no somos. No existe, pues, ni para los vivos ni para los muertos, pues para aquéllos todavía no es, y éstos ya no son. Pero la gente huye de la muerte como del mayor de los males, y la reclama otras veces como descanso de los males de su vida.

El sabio, en cambio, ni rechaza el vivir ni teme el no vivir; pues ni el vivir le parece un mal ni cree un mal el no vivir. Y así como de ninguna manera elige el alimento más abundante, sino el más agradable, así también goza del tiempo más agradable, y no del más duradero.

El que exhorta al joven a vivir bien y al viejo a morir bien, es un necio, no sólo por lo grato de la vida, sino porque el arte de vivir bien y el de morir bien es el mismo. Y mucho peor el que dice que es mejor no haber nacido, pero una vez nacido, atravesar cuanto antes las puertas del Hades.

Pues si lo dice convencido, ¿por qué no abandona la vida? A su alcance está el hacerlo, si es que lo ha meditado con firmeza. Y si bromea, es un necio en asuntos que no lo admiten.

Hemos de recordar que el futuro no es nuestro pero tampoco es enteramente no nuestro, para que no esperemos absolutamente que sea, ni desesperemos absolutamente de que sea.

Y hay que calcular que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos. Y de los naturales, unos necesarios, otros sólo naturales. Y de los necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo, otros para la vida misma.

Una recta visión de estos deseos sabe, pues, referir a la salud del cuerpo y a la imperturbabilidad del alma toda elección o rechazo, pues ésta es la consumación de la vida feliz. En orden a esto lo hacemos todo; para no sufrir ni sentir temor.

Apenas lo hemos conseguido, toda tempestad del alma amaina, no teniendo el ser vivo que encaminarse a nada como a algo que le falte, ni a buscar ninguna otra cosa con la que completar el bien del alma y del cuerpo. Porque del placer tenemos necesidad cuando sufrimos por su ausencia, pero cuando no sufrimos ya no tenemos necesidad del placer. Y por esto decimos que el placer es principio y consumación de la vida feliz, porque lo hemos reconocido como bien primero y congénito, a partir del cual comenzamos toda elección y rechazo y hacia el que llegamos juzgando todo bien con el sentimiento como regla.

Y ya que éste es el bien primero e innato, por eso mismo no escogemos todos los placeres, sino que hay veces en que renunciamos a muchos placeres, cuando de ellos se sigue para nosotros una incomodidad mayor. Y a muchos dolores los consideramos preferibles a los placeres si, por soportar tales dolores durante mucho tiempo, nos sobreviene un placer mayor. En efecto, todo placer, por tener naturaleza innata, es bueno, pero sin duda, no todos son dignos de ser escogidos. De la misma forma, todo dolor es un mal, pero no todos deben evitarse siempre.


Conviene juzgar todas estas cosas con una justa medida a la vista de lo útil y lo inútil. Pues usamos algunas veces del bien como de un mal, y, al revés, del mal como de un bien.

También consideramos un gran bien a la autosuficiencia, no para que en toda ocasión usemos de pocas cosas, sino a fin de que, si no tenemos mucho, nos contentemos con poco, sinceramente convencidos de que disfrutan más agradablemente de la abundancia, quienes menos necesidad tienen de ella, y de que todo lo natural es muy fácil de conseguir, y lo vano muy difícil de alcanzar. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que una comida abundante, cuando alejan todo el dolor de la indigencia. Pan y agua proporcionan el más elevado placer, cuando los lleva a la boca quien tiene necesidad.

El acostumbrarse a las comidas sencillas y frugales es saludable, hace al hombre resuelto en las ocupaciones necesarias de la vida, nos dispone mejor cuando ocasionalmente acudimos a una comida lujosa y nos hace intrépidos ante el azar.

Así, cuando decimos que el placer es fin, no hablamos de los placeres del los corruptos y de los que se encuentran en el goce, como piensan algunos que no nos conocen y no piensan igual , o nos interpretan mal, sino de no sufrir en el cuerpo ni ser perturbados en el alma.

Pues ni fiestas ni banquetes continuos, ni el goce de muchachos y doncellas, ni de pescados y cuanto comporta una mesa lujosa engendran una vida placentera, sino un cálculo sobrio que averigüe las causas de toda elección y rechazo y que destierre las falsas creencias a partir de las cuales se apodera de las almas la mayor confusión. De todo esto, el principio y el mayor bien es la prudencia.

Por ello, más preciosa incluso que la filosofía es la prudencia, de la que nacen todas las demás virtudes, enseñándonos que no es posible vivir placenteramente sin vivir prudente, honesta y justamente, ni vivir prudente, honesta y justamente, sin vivir placenteramente. Pues las virtudes son connaturales al vivir feliz, y el vivir feliz es inseparable de éstas.

Porque, ¿a quién consideras mejor que a aquél que tiene sobre los dioses creencias piadosas y en relación a la muerte carece por completo de temor, que tiene presente el fin propio de la naturaleza, que distingue que el límite de los bienes es fácil de alcanzar y que el de los males tiene o poca duración o pocas penas, que se ríe del destino tomado por algunos como señor de todas las cosas, afirmando que unas suceden por necesidad, otras por azar y otras por obra nuestra, porque ve que la necesidad es irresponsable, el azar inestable y lo que está en nuestras manos carece de dueño, y a quien, por tanto, corresponden naturalmente la censura y la alabanza.

Porque era mejor adherirse a los mitos sobre los dioses que ser esclavos del destino de los físicos. Aquéllos esbozan una esperanza de intercesión por medio del culto a los dioses, éste presenta una necesidad inexorable. Entendiendo el azar no como un dios, como lo considera la gente --porque nada carente de orden obra la divinidad-- ni como una causa insegura --pues no cree que a partir del azar les sean dados a los hombres el bien y el mal en orden a la vida feliz, pero sí que de él se procuran los principios de los grandes bienes y males--, considerando que es mejor ser desdichado con sensatez que afortunado con insensatez; es, por otra parte, mejor que en nuestras acciones el buen juicio sea coronado por la fortuna.

En estos pensamientos y los análogos, a éstos ejercítate, pues, día y noche, sea para tí mismo, sea con alguno semejante a ti, y nunca --despierto ni dormido-- serás turbado; vivirás como un dios entre los hombres. Pues en nada se parece a un ser mortal el hombre que vive entre bienes inmortales.

La primera vez que llegué al Concejo, en el año 1990, la ignorancia frente al tema era tan grande que algunos relacionaban la palabra animalismo con algún tipo de aberración. Para avanzar en la comprensión de las problemáticas relacionadas con los Derechos de los Animales fue necesaria mucha paciencia y tolerancia con las posturas cerradas de la gran mayoría de los concejales.

Destacable el anuncio del Presidente Santos, hecho en el marco de la COP21, en el sentido de orientar gran parte de los recursos que llegarán al país por cuenta de la ayuda internacional para el postconflicto, a la recuperación ambiental de las zonas devastadas por conflicto.

s innegable que el uso de la bicicleta se ha masificado en Bogotá. Su presencia hoy en las principales vías capitalinas es la evidencia de que miles de ciudadanas y ciudadanos, a pesar de los múltiples peligros, han decidido bajarse del automóvil o del TM y asumir la cicla como su principal medio de transporte. 

Siempre es un placer cuando los estudios científicos confirman las opiniones que has tenido desde hace mucho tiempo, especialmente cuando lo que piensas va en contra de todo el conocimiento convencional.

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