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Los cachacos exigen seguridad para la bici

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s innegable que el uso de la bicicleta se ha masificado en Bogotá. Su presencia hoy en las principales vías capitalinas es la evidencia de que miles de ciudadanas y ciudadanos, a pesar de los múltiples peligros, han decidido bajarse del automóvil o del TM y asumir la cicla como su principal medio de transporte. 

La cifra está cercana a los 850.000 viajes diarios. Puede ser que diariamente medio millón de personas se desplacen a su trabajo, a su universidad o destinos esporádicos en su caballito de acero.

Muchos lo hacen desde siempre. Los trabajadores de localidades como Bosa, Kennedy, Suba o Fontibón han sido tradicionalmente usuarios de la bicicleta. Los estudios muestran que el sector trabajador (estratos 1 y 2) representa el 75% de quienes pedalean por ciclorrutas y calles de Bogotá, desafiando el clima, los buses y los ladrones. Lo hacen porque les ahorra tiempo y dinero. Para llegar al trabajo, casi siempre ubicado en las zonas céntricas, se puede tardar en un TM cerca de 45 minutos o una hora contando la espera del alimentador y las colas para tomar “el rojo” en medio de la chichonera.

 

Pero ademas se ahorra los $2.300 que cuesta cada trayecto que, sumados, pueden estar por el orden de los $ 72.000 mensuales solo contando 5 días laborales. Una suma importante si tomamos como base los $644.000 del salario mínimo.

 

Los otros grandes aportantes a este incremento son las y los estudiantes. Las motivaciones casi son las mismas: ahorrar tiempo y dinero. Se evitan el estropicio del TM, el robo del celular, el manoseo y el gasto de unos pesos que sirven para “la gaseosa”. Pero además se han conformado  “parches” que ruedan la ciudad, habitándola de otra manera, compuestos por jóvenes, hombres y mujeres, que alegran la noche y les permiten ir por lugares que de otra manera no visitarían.

 

Es realmente un sector de la ciudadanía que está aportando en serio a la movilidad de forma limpia y silenciosa. Amigable, para decirlo en una sola palabra.

 

Pero no parece haber retribución de la ciudad. Aparte del reconocimiento formal (que es lo mínimo que se puede dar) a ese gesto de sacar muchos carros de circulación o de liberar puestos en los atiborrados TM, la Administración capitalina no logra concretar las medidas que permitan consolidar a Bogotá como una ciudad de verdad amigable con los ciclista

 

Read 228 times Last modified on Viernes, 01 Junio 2018 04:21
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