27 March

Miedo al miedo

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"Es natural sentir miedo. Se trata de una emoción necesaria para la supervivencia. Nos pone en guardia frente a peligros reales o ficticios, activando las alarmas para entrar en acción en el momento requerido. Luchar, huir o paralizarse frente a la amenaza son las opciones más claras."

 

  


 

  

 

Desde siempre el miedo (orígenes, implicaciones y formas de superarlo) ha sido un motivo de atención de la filosofía, y en tiempos más recientes, también de la psicología. Lo estudiaron filósofos que profesaron la Cultura del Buen Vivir, así en tiempos antiguos no se conociera con ese nombre. Entendían que para lograr un estado existencial saludable, tanto individual como social, es imprescindible vencer el temor a conocer aquello que no se comprende y superar la parálisis frente a aquello que produce miedo. Es decir se requiere transitar los caminos del conocimiento, fuente primordial de la superación de las supersticiones y las limitaciones auto impuestas.

 

El miedo exaltado

Es natural sentir miedo. Se trata de una emoción necesaria para la supervivencia. Nos pone en guardia frente a peligros reales o ficticios, activando las alarmas para entrar en acción en el momento requerido. Luchar, huir o paralizarse frente a la amenaza son las opciones más claras. En ciertas ocasiones debe tomarse una decisión en milésimas de segundo para no perder la vida, poniéndose a prueba la capacidad para reaccionar adecuadamente. Exacerbar esa emoción hasta niveles superlativos se convierte en fuente de graves perturbaciones mentales que suelen tener consecuencias negativas en quien o quienes la padecen. Por ello suele utilizarse como arma de dominio por parte de los sectores más oscuros del establecimiento.

 

El miedo social

La sensación de miedo no puede entenderse solamente como una emoción individual. También tiene una expresión social. El miedo social  se apodera de sectores de la sociedad, impulsado por fuerzas de diversa índole (políticas, religiosas, corporativas), por los monopolios de la comunicación y ahora a través de las redes sociales (por ejemplo medio “fake news”), para convertirlo en fuente de inestabilidad, mezcla de tristeza y de sentimiento de impotencia colectivos. Suele hacerse presente, con especial agresividad, en momentos en que los privilegios de algunos están a punto de perderse por fuerza de la transformación social.

El temor a ataques de enemigos reales o ficticios, a los extranjeros, a las personas de gustos diversos o enfoques filosóficos diferentes, ha sido convertida por los autoritarios de todas las épocas en instrumento predilecto para profundizar o consolidar su dominación.

 

Miedo a “lo otro”

En los tiempos que corren han apelado nuevamente a la fórmula del miedo. Lo convirtieron en el punto de apoyo para desatar todos los demonios contra la otredad, con “lo otro” o lo que se pueda considerar cercano al “otro”. Como antaño, hicieron que conceptos difusos o poco entendibles como el “eje del mal”, los “enemigos de la patria”, la “ideología de género”, o “la falsa Paz”,  se convirtieran en frases para aupar los más bajos instintos de seguidores obnubilados. La sola mención de ciertos temas crispan los nervios y convocan a sectores sociales imbuidos de miedo a reaccionar agresivamente contra los supuestos males y sus portadores. Demonizarlos y aniquilarlos es la vía rápida y efectiva según los promotores de ese sentimiento.

 

La salida calculada

Y no es que lo problemas no existan. Muchas de las situaciones críticas o conflictivas (no todas) son reales y pueden crear malestar en el conjunto o en parte de la sociedad. Un fenómeno normal pues no siempre (casi nunca) las decisiones políticas caen bien a toda, o a la mayoría, de la sociedad.

Lo negativo es que las salidas que se brindan, desde los sectores que detentan el manejo del Estado, las diseñan para su propio beneficio en lo político, en lo económico y en lo social. Las hacen a la medida de sus designios, casi siempre en contravía de los intereses de las grandes mayorías. Sin importar el impacto negativo que tenga y a costa de acabar con las conquistas que la comunidad haya logrado en años de disputas.

Un viejo truco

Es un viejo truco renovado y recargado para las condiciones actuales: crear miedo, pánico y presentar “su propuesta” como la verdadera y única solución cuando en realidad es resultado de un amañado cálculo para sus ganancias en diferentes órdenes.

Y esto ocurre al mismo tiempo que se promueve toda clase de señalamientos hacia las opiniones contrarias. Se tergiversan conceptos y se banalizan los argumentos para presentarlos como inapropiados o abiertamente “delirantes” y contrarios a “las buenas costumbres”.

 

El peor mal

Siendo lo anterior un mal terrible, pues conduce a estados de paroxismo colectivo, no es la peor de las consecuencias. Existe otro efecto que, en términos de la búsqueda de un buen vivir, se convierte en nefasto. Se trata de la parálisis del desconcierto que produce el miedo en algunas personas que, sin estar de acuerdo con los preceptos del autoritarismo, se pliegan a él promoviendo el temor cuando recrean la atmósfera de desorientación y dispersión de las respuestas.

Al propagar la sensación del miedo generalizado, el desconcierto desarrolla el primer mecanismo de defensa básico: cerrar filas para protegerse. Convertirse en una especie de secta donde solo entran l@s más cercan@s alproyecto. Solo quedan quienes estén libres de toda sospecha. Quienes que demuestren “adhesión total a la causa”. Tod@s l@s demás son sospechos@s.

Por esa vía aquell@s no estén enteramente de acuerdo con “la visión” del núcleo dirigente o del líder único, están del lado del oponente. El espíritu de secta, creado para protegerse, aisla, cierra sobre sí mismos a quienes lo profesan dándole el triunfo al miedo promovido por los autoritarios. Es el triunfo de los promotores del miedo.

 

Vencer el miedo histórico

La historia está plagada de ejemplos de cómo se utiliza el arma letal del miedo para separar a los que tienen puntos de vista comunes, pero que por miedo a sentirse debilitados en sus convicciones, evitan acercarse así sea en momentos decisivos.

Pero por fortuna también la historia muestra ejemplos de cómo las sociedades al superar las fracturas entre aquellos que piensan de forma similar (no igual, pues ello es casi imposible) se logra sobrepasar cada obstáculo exitosamente.

En pasado reciente América Latina demostró con creces qué se puede hacer cuando se concitan corrientes afines a los programas democráticos avanzados. Se venció el miedo propagado por décadas, casi siempre reforzado a través de la violencia,  construyendo poderosas fuerzas sociopolíticas que transformaron para siempre la historia de la humanidad. En un inicio el camino fue incierto, pues prevalecieron los enfoques que rompían los intentos de búsqueda de la confluencia. Pero en la medida en que se logró superar la desunión, encontrando las afinidades y fortaleciendo los puntos de encuentro y comunión, cuajó la propuesta colectiva. Se derrotó el miedo abriendo paso al desarrollo de una propuesta avanzada de sociedad.

 

Encararlo en comunidad

La Cultura del Buen Vivir recupera el concepto de lo colectivo como parte esencial de la derrota del miedo. Entiende que en la comunidad está la esencia de la superación del miedo a “lo diferente”, a lo que no es igual a mi, a lo que parece invencible por ser más fuerte, a lo misterioso que no es otra cosa que lo ininteligible.

La invitación a sumar fuerzas con otros, a no aislarse, a no ver enemigos donde no existen, es la base de una cultura sana. Es también el camino para recuperar la autonomía y  construir un futuro común y solidario, esencia de un proyecto social de carácter democrático y participativo.

Quienes desde la antigüedad hasta nuestros días han tratado el tema lo hicieron en principio desde una perspectiva colectiva pues era la forma de defenderse frente a  las amenazas. No existía más respaldo que su colectivo, su comunidad, su tribu. Por ello le daba gran importancia a su relación con ella: era su principal ó único apoyo para vencer el miedo.

Tener miedo al miedo es el punto clave en momentos históricos para los pueblos que quieren ser dominados. Superar el espíritu de secta, para encontrarse con aquell@s que comparten en todo o en parte los sueños de libertad y prosperidad, es la meta.  

 

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